Antecedentes


El fenómeno de la llamada globalización entraña diversas paradojas y desafíos para la investigación interdisciplinaria en las ciencias sociales y ambientales, así como las humanidades. Entre ellos se encuentra la creciente polarización que se genera entre países (y en su interior), especialmente en el horizonte Norte-Sur. Este problema reviste particular importancia para sociedades como la mexicana, donde se expresa, entre otras formas, como un desbordante crecimiento de la pobreza y la marginación de amplias capas de la población. Asimismo, en un contexto donde el capitalismo parece haber logrado finalmente unificar al mundo, donde la economía alcanza grados de internacionalización sin precedentes y las innovaciones tecnológicas (particularmente en los campos de la informática, microelectrónica, telecomunicaciones, biotecnología, nuevos materiales, y nanotecnología) trastocan múltiples esferas de la economía, la sociedad y la cultura, las nociones de Estado nación, nacionalismo y la defensa de los intereses nacionales han paradójicamente vuelto a colocarse en un primer plano. Los sentidos que se les dan son por demás diversos y van aunados a aspectos como la cultura, las identidades étnicas y religiosas, el combate a la deuda externa y la resistencia contra las dolorosas políticas de ajuste estructural impuestas a los llamados países tercermundistas por los grandes organismos financieros internacionales.


Esta realidad ha sido ampliamente reconocida por la comunidad académica e incluso por algunas agencias internacionales, incluyendo el Banco Mundial (en los documentos del llamado «Consenso post-Washington»), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (unctad). La problemática del desarrollo se ha convertido en un tema prioritario que reclama la atención de organizaciones sociales, gobiernos, entidades públicas e instituciones internacionales, así como de especialistas en diversos campos del conocimiento. No debe perderse de vista que el desarrollo es un proceso multidimensional entre cuyos aspectos más importantes se encuentran las esferas económica, social, política, cultural y étnica, educativa y científico-tecnológica y ambiental.


Es importante tener presente que América Latina ha sido escenario de la puesta en práctica de modelos de desarrollo de diversa índole y orientación; estos abarcan desde teorías de la modernización y las teorías de la dependencia propuestas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal) hasta los enfoques más recientes del Desarrollo Alternativo. Pero también hay que notar que la región ha sido fuente de un pensamiento social propio en la materia.


Ante la fuerte embestida del liberalismo ortodoxo en su modalidad neoliberal y los consecuente intentos por imponer, a través de diversas vías, una línea de «pensamiento único» en la región, resulta indispensable renovar el pensamiento latinoamericano en distintos planos y, sobre todo, llevar a cabo una recuperación crítica de la teoría y la práctica del desarrollo. Aparte de las nuevas elaboraciones conceptuales, debemos tomar en consideración, y de forma muy especial, las alternativas desarrolladas por movimientos sociales contemporáneos y las experiencias relativamente exitosas de otras latitudes (por ejemplo, los países del sureste asiático). Para tal efecto, es indispensable que nos enfoquemos en las alternativas en gestación a fin de darles una mayor sustancia, coherencia y proyección dentro del Estado nación o incluso más allá.


Uno de los miradores más eficaces para llevar a cabo esta trascendental empresa es la interdisciplinariedad, cuyo objeto es incorporar adecuadamente las dimensiones espacial y temporal de los fenómenos sociales y su relación con la naturaleza. Esto posibilita la comprensión dialéctica de la realidad social en su doble manifestación como ocultamiento y revelación; algo que origina, envuelve y a la vez es resultado de las luchas sociales en pro de la preservación/transformación del orden social vigente, donde la cuestión del desarrollo ocupa un lugar destacado. Otros aspectos considerados fundamentales en esta concepción de los Estudios del Desarrollo son: el reconocimiento y la recuperación crítica del saber acumulado en el campo (así sea parcial) sin caer en el eclecticismo; el desarrollo de capacidades creativas e innovadoras, y la reflexión sobre el proceso de «objetivación» del conocimiento, procurando evitar cualquier forma de dogmatismo.